viernes, 10 de agosto de 2018

U2 S5 A2 - Análisis y abstracción de información


Marco teórico
Antecedentes del tema
A pesar de los enormes avances que en general ha experimentado México en los últimos años, la desnutrición -por un lado- y la obesidad infantil -por otro-, siguen siendo un problema a solucionar en el país.
La desnutrición, que afecta de un modo significativo a la región más sur, y la obesidad, que lo hace en el norte, se extienden a lo largo de todo el territorio mexicano, haciendo evidente la necesidad de aumentar los esfuerzos en promover una dieta saludable y equilibrada en todos los grupos de edad, con especial hincapié en niños, niñas y adolescentes.
A pesar de los intentos por disminuir los casos de desnutrición infantil, lo cierto es que las cifras siguen siendo alarmantes en algunos sectores de la población. Según la UNICEF, en el grupo de edad de cinco a catorce años la desnutrición crónica es de 7.25% en las poblaciones urbanas, y la cifra se duplica en las rurales. El riesgo de que un niño indígena muera por diarrea, desnutrición o anemia es tres veces mayor que entre la población no indígena.
La otra cara de los problemas de nutrición lo conforma la obesidad infantil, que ha ido creciendo de forma alarmante en los últimos años. Actualmente, México ocupa el primer lugar mundial en obesidad infantil, y el segundo en obesidad en adultos.

La principal causa a la que se apunta son los malos hábitos en la alimentación, que acaban desembocando en una prevalencia del sobrepeso de un 70% en la edad adulta. A largo plazo, la obesidad favorece la aparición de enfermedades tales como diabetes, infartos, altos niveles de colesterol o insuficiencia renal, entre otros. Actualmente, la diabetes es el mayor problema al que se enfrenta el sistema nacional de salud: es la principal causa de muerte en adultos, la primera causa de demanda de atención médica y la enfermedad que consume el mayor porcentaje de gastos en las instituciones públicas.
La experiencia demuestra que una correcta alimentación previene los problemas de sobrepeso y obesidad.
Bases teóricas
La nutrición es un proceso que incluye el consumo y el aprovechamiento de los alimentos. Estos son necesarios para el crecimiento, el desarrollo y el mantenimiento del organismo. De allí que el estado de nutrición de un individuo sea el resultado de la alimentación que ha recibido durante su vida. Ingerir alimentos permite una adecuada nutrición cuando la ingesta de estos es en la cantidad y de la calidad requerida para satisfacer las necesidades nutricionales de cada individuo.
La calidad y cantidad de los alimentos que se consuman depende principalmente de factores económicos, sociales y culturales. Es decir, la carencia de recursos o la ignorancia pueden llevar a los individuos a caer en la malnutrición.
Los países están influidos por factores que afectan su desarrollo socioeconómico y traen como consecuencia el incremento de lo que se ha denominado la paradoja nutricional, que muestra que en los hogares de escasos recursos subsiste la malnutrición por carencia en los niños, como consecuencia en muchos casos, del hambre. En otros casos la malnutrición por exceso: el sobrepeso y la obesidad, que harían pensar en abundancia alimentaria, pero que al revisar se observa que es el resultado, al igual que en el caso anterior, de un estado nutricional inadecuado.

Las principales determinantes inmediatas de la desnutrición son la desnutrición intrauterina, alimentación inadecuada del menor de 5 años y elevada incidencia o duración de enfermedades infecciosas. Estas están provocadas a su vez por la pobreza, la falta de protección de la madre y el niño y de servicios efectivos de salud, saneamiento y educación nutricional.
La desnutrición ocurre en contextos en los que existe desigualdad y falta de satisfacción de los derechos de los niños. La determinante inmediata de la obesidad es el balance positivo de energía, que resulta del sedentarismo y el sobreconsumo pasivo de energía por la distorsión de los mecanismos de regulación del apetito, causados por el alto consumo de azúcares adicionados, principalmente bebidas azucaradas y alimentos no básicos con alta densidad energética y alto contenido de azúcar, bajo consumo de fibra y de verduras, frutas, leguminosas y cereales de grano entero.
Diversos estudios muestran que la urbanización se asocia a menudo con el abandono de la dieta tradicional, y su reemplazo por alimentos envasados o procesados. Del mismo modo, la migración del campo a la ciudad y el aumento del ingreso, hace que las personas de las zonas rurales tiendan a ser menos activas físicamente y adopten más fácilmente una dieta con alimentos de alta densidad energética, altos en grasa, azúcar y sal. Es frecuente el aumento en el consumo de comida rápida que favorece el exceso de energía y el aumento de la prevalencia de las ECNT relacionadas con la nutrición. Sin embargo, el proceso de urbanización en sí mismo no es responsable de las consecuencias negativas, porque con un apoyo educativo adecuado y la promoción de la alimentación saludable puede ser posible modificar el tipo de alimentación y el sedentarismo. Los ingresos son el principal factor determinante de la demanda de alimentos. Cuanto más alto es el ingreso, mayor es el consumo de productos de origen animal (carne y productos lácteos), y menor el consumo de cereales y carbohidratos complejos. La cantidad de azúcar, grasa total, y las grasas animales que se consumen también aumenta a medida que los ingresos aumentan, conduciendo a una dieta con una densidad energética más alta. La reducción en la ingesta de fibra y hortalizas completa un modelo de alimentación que, junto con la falta de actividad física, la nutrición promueve el desarrollo de estas enfermedades.

Este aumento de malos hábitos en la ciudad está también bajo la influencia de las tecnologías de comunicación. Actualmente los niños han cambiado actividades al aire libre por una pantalla, es ahí cuando son bombardeados con anuncios que muestran a un niño feliz, sano y fuerte disfrutando un alimento sin aporte nutricional, pero de gran colorido. Medios como la televisión o el internet estimulan al consumo de estos alimentos, y es tarea de los padres guiar eso que por ahora es un “antojo” pero se podría convertir en un “mal hábito”.
Estudios evidencian cómo los niños que pasan un mayor número de horas delante de la pantalla de la televisión o del ordenador son más proclives a ser obesos, debido, por un lado, a la falta de ejercicio físico implícito al desarrollo de esta actividad; y, por otro lado, a la probada tendencia existente entre el consumo de alimentos poco saludables y el ver televisión o contenidos a través de Internet.
En ocasiones alimentos poco saludables se utilizan como premio o regalo, se muestran solos, fuera de las cinco comidas recomendadas y no es un error brindarle a un niño un caramelo, error es sustituir una fruta con golosinas.
Como se ha mencionado antes, los malos hábitos alimenticios traen consecuencias. Saltarse el desayuno, comer fuera o una vida sedentaria son algunos de los factores que incrementan el riesgo de padecer alguna enfermedad.
Los buenos hábitos alimenticios desde el nacimiento tienen una relación directa con la formación estructural y funcional del organismo. Los problemas nutricionales vienen en un gran porcentaje de lo realizado en los primeros años. Así, todos los excesos o déficits tendrán repercusiones posteriores.
la nutrición tiene una importancia trascendental durante el período prenatal y los primeros años de la vida, tiene influencia sobre el crecimiento y el desarrollo físico y mental. La desnutrición proteico-energética da pie a las infecciones, disminuye la resistencia a casi todas las enfermedades, mantiene un sistema inmunológico tan deprimido que una enfermedad simple puede llevar a la muerte.
La desnutrición y la obesidad,  elevan el riesgo de sufrir enfermedades crónicas desde temprana edad, enfermedades como las siguientes:
1. Anemia
Padecer anemia significa que hay bajos niveles de glóbulos rojos en el cuerpo. Aunque hay varios factores que inciden en que un niño la desarrolle, el principal, es el bajo consumo de alimentos que contengan hierro.
Entre los síntomas que puede presentar un niño que sufre de anemia están: irritabilidad, lentitud, falta de fuerza muscular, sentir pocos deseos de comer y experimentar dolor de cabeza o mareo. Además, la piel se vuelve pálida en la palma de la mano, seca, escamosa y el cabello se torna seco, opaco y pajizo.
La anemia nutricional puede tratarse con un cambio en la dieta. Sin embargo, el médico valorará la gravedad de la enfermedad y determinará si es necesario tratamiento médico.
Una anemia no tratada afecta la función y el desarrollo mental de los niños.

2. Diabetes
La obesidad es uno de los factores de riesgo de mayor incidencia para padecer diabetes tipo 2. A raíz de la obesidad, el páncreas produce menos insulina para controlar los niveles de azúcar, como consecuencia se produce un mal funcionamiento en el organismo, para lo cual se requiere tratamiento.
La sed excesiva, cansancio, idas al baño con mayor frecuencia con alto volumen de orina y los mareos, están entre los síntomas que indican que un niño puede estar afectado por esta enfermedad.
La diabetes es una enfermedad crónica que cuando se instaura, acompaña a la persona por el resto de su vida y en caso de que no se tengan los cuidados necesarios, afecta significativamente a la salud y calidad de vida del paciente.
La diabetes tipo 2 se presenta cada vez más en niños y adolescentes,  esto se asocia con el tipo de alimentación y el estilo de vida.

3. Hipertensión arterial
Los niños con sobrepeso son propensos a sufrir de presión arterial alta. Entre los síntomas se encuentran la dificultad para respirar, alteraciones visuales, dolor de cabeza, mareos y fatiga.
Detectar a tiempo que tu niño sufre de hipertensión es clave para evitar que se vuelva un problema grave, y por lo tanto, avance a una enfermedad renal o cardiovascular.

4. Gastritis
La inadecuada alimentación también puede desencadenar esta enfermedad en los niños, además de otras causas. La gastritis se presenta como una inflación de la mucosa gástrica y el niño afectado puede tener síntomas como dolor abdominal, vómitos, falta de apetito, nauseas, y en casos más severos, puede estar acompañada con sangrados en los vómitos.
Este trastorno digestivo se presenta por el consumo frecuente de comidas condimentadas o picantes, así como de productos procesados, de no tomar los alimentos en horarios regulares incluso en saltarse las comidas, tal como el desayuno o la cena.

5. Enfermedades odontológicas
Los niños que tienen una alimentación con alto consumo de bebidas envasadas, alimentos procesados y dulces son propensos a tener una deficiente salud oral y en especial desarrollar caries y manchas en los dientes, esta última a raíz de los colorantes añadidos que contienen estas bebidas.
Los cambios en el estilo de vida que han favorecido las consecuencias negativas para la salud, llevan a una dualidad de malnutrición y para actuar sobre ella, se requiere emplear la promoción de estilos de vida saludable.

Conclusiones
México es el país número uno en obesidad. Es un país de niños gorditos con anemia y diabéticos. Los niños consumen un alto porcentaje de alimentos ricos en azucares, carbohidratos y grasas y un mínimo de fibra, vitaminas y minerales. ¿Por qué? Influye la cultura, los amigos, la educación, lo que comen los padres, lo que les venden en la escuela, lo que ven en comerciales, etc. El acceso a los alimentos chatarra es tan fácil que es normal que los niños los consuman. Si no tienen un hábito firme sobre comer sano, es fácil que la publicidad los engañe y prefieran, por ejemplo, una hamburguesa en vez de sopa de verduras.
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