Marco teórico
Antecedentes
del tema
A pesar de los enormes avances que en general
ha experimentado México en los últimos años, la desnutrición -por un lado- y la
obesidad infantil -por otro-, siguen siendo un problema a solucionar en el
país.
La
desnutrición, que afecta de un modo significativo a la región más sur, y la
obesidad, que lo hace en el norte, se extienden a lo largo de todo el
territorio mexicano, haciendo evidente la necesidad de aumentar los esfuerzos
en promover una dieta saludable y equilibrada en todos los grupos de edad, con
especial hincapié en niños, niñas y adolescentes.
A pesar de
los intentos por disminuir los casos de desnutrición infantil, lo cierto es que
las cifras siguen siendo alarmantes en algunos sectores de la población. Según
la UNICEF, en el grupo de edad de cinco a catorce años la
desnutrición crónica es de 7.25% en las poblaciones urbanas, y la cifra se
duplica en las rurales. El riesgo de que un niño indígena muera
por diarrea, desnutrición o anemia es tres veces mayor que entre la población
no indígena.
La otra cara de los problemas de nutrición lo
conforma la obesidad infantil, que ha ido creciendo de forma alarmante en los
últimos años. Actualmente, México ocupa el primer lugar
mundial en obesidad infantil, y el segundo en obesidad en
adultos.
La principal causa a la que se apunta son los malos hábitos en la alimentación, que acaban desembocando en una prevalencia del sobrepeso de un 70% en la edad adulta. A largo plazo, la obesidad favorece la aparición de enfermedades tales como diabetes, infartos, altos niveles de colesterol o insuficiencia renal, entre otros. Actualmente, la diabetes es el mayor problema al que se enfrenta el sistema nacional de salud: es la principal causa de muerte en adultos, la primera causa de demanda de atención médica y la enfermedad que consume el mayor porcentaje de gastos en las instituciones públicas.
La
experiencia demuestra que una correcta alimentación previene los problemas de
sobrepeso y obesidad.
Bases
teóricas
La nutrición es un proceso que incluye
el consumo y el aprovechamiento de los alimentos. Estos son necesarios para el
crecimiento, el desarrollo y el mantenimiento del organismo. De allí que el
estado de nutrición de un individuo sea el resultado de la alimentación que ha
recibido durante su vida. Ingerir alimentos permite una adecuada nutrición
cuando la ingesta de estos es en la cantidad y de la calidad requerida para
satisfacer las necesidades nutricionales de cada individuo.
La calidad y cantidad de los alimentos
que se consuman depende principalmente de factores económicos, sociales y
culturales. Es decir, la carencia de recursos o la ignorancia pueden llevar a
los individuos a caer en la malnutrición.
Los países están influidos por factores
que afectan su desarrollo socioeconómico y traen como consecuencia el
incremento de lo que se ha denominado la paradoja nutricional, que muestra que
en los hogares de escasos recursos subsiste la malnutrición por carencia en los
niños, como consecuencia en muchos casos, del hambre. En otros casos la
malnutrición por exceso: el sobrepeso y la obesidad, que harían pensar en
abundancia alimentaria, pero que al revisar se observa que es el resultado, al
igual que en el caso anterior, de un estado nutricional inadecuado.
Las principales determinantes inmediatas
de la desnutrición son la desnutrición intrauterina, alimentación inadecuada
del menor de 5 años y elevada incidencia o duración de enfermedades
infecciosas. Estas están provocadas a su vez por la pobreza, la falta de
protección de la madre y el niño y de servicios efectivos de salud, saneamiento
y educación nutricional.
La desnutrición ocurre en contextos en
los que existe desigualdad y falta de satisfacción de los derechos de los
niños. La determinante inmediata de la obesidad es el balance positivo de
energía, que resulta del sedentarismo y el sobreconsumo pasivo de energía por
la distorsión de los mecanismos de regulación del apetito, causados por el alto
consumo de azúcares adicionados, principalmente bebidas azucaradas y alimentos
no básicos con alta densidad energética y alto contenido de azúcar, bajo
consumo de fibra y de verduras, frutas, leguminosas y cereales de grano entero.
Diversos estudios muestran que la
urbanización se asocia a menudo con el abandono de la dieta tradicional, y su
reemplazo por alimentos envasados o procesados. Del mismo modo, la migración
del campo a la ciudad y el aumento del ingreso, hace que las personas de las
zonas rurales tiendan a ser menos activas físicamente y adopten más fácilmente
una dieta con alimentos de alta densidad energética, altos en grasa, azúcar y
sal. Es frecuente el aumento en el consumo de comida rápida que favorece el
exceso de energía y el aumento de la prevalencia de las ECNT relacionadas con
la nutrición. Sin embargo, el proceso de urbanización en sí mismo no es
responsable de las consecuencias negativas, porque con un apoyo educativo
adecuado y la promoción de la alimentación saludable puede ser posible
modificar el tipo de alimentación y el sedentarismo. Los ingresos son el
principal factor determinante de la demanda de alimentos. Cuanto más alto es el
ingreso, mayor es el consumo de productos de origen animal (carne y productos
lácteos), y menor el consumo de cereales y carbohidratos complejos. La cantidad
de azúcar, grasa total, y las grasas animales que se consumen también aumenta a
medida que los ingresos aumentan, conduciendo a una dieta con una densidad
energética más alta. La reducción en la ingesta de fibra y hortalizas completa
un modelo de alimentación que, junto con la falta de actividad física, la
nutrición promueve el desarrollo de estas enfermedades.
Este aumento de malos hábitos
en la ciudad está también bajo la influencia de las tecnologías de comunicación.
Actualmente los niños han cambiado actividades al aire libre por una pantalla,
es ahí cuando son bombardeados con anuncios que muestran a un niño feliz, sano
y fuerte disfrutando un alimento sin aporte nutricional, pero de gran colorido.
Medios como la televisión o el internet estimulan al consumo de estos
alimentos, y es tarea de los padres guiar eso que por ahora es un “antojo” pero
se podría convertir en un “mal hábito”.
Estudios evidencian cómo
los niños que pasan un mayor número de horas delante de la pantalla de la
televisión o del ordenador son más proclives a ser obesos, debido, por un lado,
a la falta de ejercicio físico implícito al desarrollo de esta actividad; y,
por otro lado, a la probada tendencia existente entre el consumo de alimentos
poco saludables y el ver televisión o contenidos a través de Internet.
En ocasiones alimentos
poco saludables se utilizan como premio o regalo, se muestran solos, fuera de
las cinco comidas recomendadas y no es un error brindarle a un niño un
caramelo, error es sustituir una fruta con golosinas.
Como se ha mencionado antes,
los malos hábitos alimenticios traen consecuencias. Saltarse el desayuno, comer
fuera o una vida sedentaria son algunos de los factores que incrementan el
riesgo de padecer alguna enfermedad.
Los buenos hábitos alimenticios desde el nacimiento tienen una relación
directa con la formación estructural y funcional del organismo. Los problemas
nutricionales vienen en un gran porcentaje de lo realizado en los primeros
años. Así, todos los excesos o déficits tendrán repercusiones posteriores.
la nutrición tiene una
importancia trascendental durante el período prenatal y los primeros años de la
vida, tiene influencia sobre el crecimiento y el desarrollo físico y mental. La
desnutrición proteico-energética da pie a las infecciones, disminuye la
resistencia a casi todas las enfermedades, mantiene un sistema inmunológico tan
deprimido que una enfermedad simple puede llevar a la muerte.
La desnutrición y la obesidad, elevan
el riesgo de sufrir enfermedades crónicas desde temprana edad, enfermedades como
las siguientes:
1. Anemia
Padecer anemia significa que hay bajos niveles de glóbulos rojos en el
cuerpo. Aunque hay varios factores que inciden en que un niño la desarrolle, el
principal, es el bajo consumo de alimentos que contengan hierro.
Entre los síntomas que puede presentar un niño que sufre de anemia están:
irritabilidad, lentitud, falta de fuerza muscular, sentir pocos deseos de comer
y experimentar dolor de cabeza o mareo. Además, la piel se vuelve pálida en la
palma de la mano, seca, escamosa y el cabello se torna seco, opaco y pajizo.
La anemia nutricional puede tratarse con un cambio en la dieta. Sin
embargo, el médico valorará la gravedad de la enfermedad y determinará si es
necesario tratamiento médico.
Una anemia no tratada afecta la función y el desarrollo mental de los
niños.
2. Diabetes
La obesidad es uno de los factores de riesgo de mayor incidencia para
padecer diabetes tipo 2. A raíz de la obesidad, el páncreas produce menos
insulina para controlar los niveles de azúcar, como consecuencia se produce un
mal funcionamiento en el organismo, para lo cual se requiere tratamiento.
La sed excesiva, cansancio, idas al baño con mayor frecuencia con alto
volumen de orina y los mareos, están entre los síntomas que indican que un niño
puede estar afectado por esta enfermedad.
La diabetes es una enfermedad crónica que cuando se instaura, acompaña a
la persona por el resto de su vida y en caso de que no se tengan los cuidados
necesarios, afecta significativamente a la salud y calidad de vida del
paciente.
La diabetes tipo 2 se presenta cada vez más en niños y adolescentes, esto se asocia con el tipo de alimentación y
el estilo de vida.
3. Hipertensión arterial
Los niños con sobrepeso son propensos a sufrir de presión arterial alta.
Entre los síntomas se encuentran la dificultad para respirar, alteraciones
visuales, dolor de cabeza, mareos y fatiga.
Detectar a tiempo que tu niño sufre de hipertensión es clave para evitar
que se vuelva un problema grave, y por lo tanto, avance a una enfermedad renal
o cardiovascular.
4. Gastritis
La inadecuada alimentación también puede desencadenar esta enfermedad en
los niños, además de otras causas. La gastritis se presenta como una inflación
de la mucosa gástrica y el niño afectado puede tener síntomas como dolor
abdominal, vómitos, falta de apetito, nauseas, y en casos más severos, puede
estar acompañada con sangrados en los vómitos.
Este trastorno digestivo se presenta por el consumo frecuente de comidas
condimentadas o picantes, así como de productos procesados, de no tomar los
alimentos en horarios regulares incluso en saltarse las comidas, tal como el
desayuno o la cena.
5. Enfermedades odontológicas
Los niños que tienen una alimentación con alto consumo de bebidas
envasadas, alimentos procesados y dulces son propensos a tener una deficiente
salud oral y en especial desarrollar caries y manchas en los dientes, esta
última a raíz de los colorantes añadidos que contienen estas bebidas.
Los cambios en el estilo de vida que han
favorecido las consecuencias negativas para la salud, llevan a una dualidad de malnutrición
y para actuar sobre ella, se requiere emplear la promoción de estilos de vida
saludable.
Conclusiones
México es el país número uno en
obesidad. Es un país de niños gorditos con anemia y diabéticos. Los niños consumen
un alto porcentaje de alimentos ricos en azucares, carbohidratos y grasas y un mínimo
de fibra, vitaminas y minerales. ¿Por qué? Influye la cultura, los amigos, la educación,
lo que comen los padres, lo que les venden en la escuela, lo que ven en
comerciales, etc. El acceso a los alimentos chatarra es tan fácil que es normal
que los niños los consuman. Si no tienen un hábito firme sobre comer sano, es fácil
que la publicidad los engañe y prefieran, por ejemplo, una hamburguesa en vez
de sopa de verduras.
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